LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar.
Un buen guión del cine mexicano reciente es el de Norteado, el cual se tradujo en decorosa puesta en imágenes por el director Rigoberto Pérezcano. Con varios premios nacionales e internacionales en su haber, esta cinta podría ubicarse como una comedia romántica de discreto humor y deleitable frescura, apartada de la ramplonería y creatividad enana de la mayoría de las películas nacionales que se inscriben en este género y que pululan sin ton ni son.

Aunque ésta es una cinta sobre la emigración a Estados Unidos, su aproximación entrañó un enfoque distinto y novedoso. La aventura del paso fronterizo detectada al principio, no repasa este drama tremebundo a que nos acostumbraron buena parte de las películas sobre el tema.
¿Qué vínculos podemos encontrar entre esta ficción y el encomiable documental Los que se quedan (México, 2008, de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman)? Si bien los cometidos son diferentes, ambas producciones dan cuenta de la gente que se queda en México y no emigra a Estados Unidos, pero cuyas parejas sentimentales o familiares cruzaron la frontera para buscar mejor remuneración económica.
Si bien en Norteado el oaxaqueño Andrés (Harold Torres) intenta en más de una ocasión cruzar el Río Bravo, la mayor parte de sus acciones no se emparentan con el periplo de la migración al otro lado, sino con su estadía en una ciudad fronteriza mexicana al lado de dos mujeres y un hombre maduro. Ya llegará el momento en que se programe un cruce venturoso, no comparable con el destino de un cuarto de millón de mexicanos repatriados anualmente por las autoridades migratorias estadounidenses.
Al igual que Los que se quedan, la película de Pérezcano se centra en narrarnos la vida de las personas que habitan en México pero con algún amor o familiar en Estados Unidos. Tanto doña Ela (Alicia Laguna), como la jovencita Cata (Sonia Couoh) ubican a sus hombres al otro lado sin saber de su paradero. La señora madura se resignó de no volverlo a ver, mientras que la adolescente Cata piensa ilusoriamente que su príncipe azul regresará algún día del otro lado para refrendar su amor juvenil.

Al ver frustrado su proyecto de pasar la frontera, Andrés es contratado por doña Ela, propietaria de una tienda de abarrotes de barrio, quien inmediatamente le echa el ojo ya que el joven podría brindarle las caricias eróticas no recibidas desde hace tiempo. Ya instalado en la casa de la patrona, el oaxaqueño provocará la mirada tentadora de la sirvienta Cata, quien demostrará celos reticentes hacia Andrés al atender afanosamente al señor Asencio (Luis Cárdenas), un amigo de Ela que no pierde la esperanza de conquistar algún día a una de las mujeres. Al trastocar Andrés un equilibrio sin proponérselo, Asencio maniobra a su favor proponiéndole a aquel una ruta venturosa de travesía fronteriza con tal de quitarlo del camino.
Con una estupenda articulación actoral donde los cuatro personajes principales lucen en todo momento, Norteado es una cinta donde los silencios, las miradas y situaciones exentas de diálogos, predominan en tanto humor lacónico que sólo en ciertos momentos apuesta por la risa refrescante. La contención observada en toda la narración, excluye el recurso fácil y el enfoque simplista. Película que nos remite a situaciones sencillas que nunca llegan a una cuesta dramática hacia arriba. Y no hace falta, el medio tono le queda bien a una historia con cuatro personajes que nos transmiten la necesidad de afecto y amor por el quebranto afectivo ante la ausencia, tal como sucede con las dos mujeres. En el caso de Andrés, su relación espontánea con Ela y Cata nos remite, por ausencia, a los afectos interrumpidos de la mujer que dejó en un pueblo oaxaqueño. Con Asencio detectamos al hombre maduro que entiende las necesidades de dos mujeres solitarias, a quienes procurará amistad y vínculo sentimental.
De ahí el parentesco que observo entre Los que se quedan y Norteado. Las dos películas no abordan las ausencias físicas de los que se fueron, sino las rutas de acción o de continuidad existencial de los que se quedaron en México. Ciertamente la primera detalla en pormenores la realidad actual vivida en México, pero las dos obras abordan las dificultades y cómo sortearlas frente al hecho consumado de la partida temporal o permanente.

Con una delicadeza y sutileza que evita la acentuación de la gravedad de los hechos, Norteado pone en cuestión la interrupción sentimental y la desolación generadas por ausencias que alteran en definitiva los abrevaderos de un pasado inmediato suspendido. Lo que se agradece aquí es la sugerencia de problemáticas existenciales que en ningún momento se plantean como drama o tragedia, producto de la separación. Tanto en una como en otra cinta, la huella de la partida cala hondo emocionalmente, pero hay una suerte de aceptación nostálgica no identificada con la resignación derrotista.
Un amigo me comentó que la buena historia original de Edgar San Juan vuelta guión definitivo por éste y el cineasta Pérezcano, se hubiera convertido en el guión perfecto si el personaje de Andrés incursionara íntimamente con una de las mujeres y no con las dos. De esta manera, la historia filmada habría planteado la mirada distanciada de una de las mujeres con respecto a su realidad presente y los anhelos de afecto erótico. Lo que quedó en definitiva no me molesta, pero me quedé pensando sobre una historia de alcances tal vez mayores.
Donde tampoco tuvo gran alcance este filme fue en la entrega de los arieles, ya que tan sólo la galardonaron por mejor edición. La escasez de premios la convirtieron en la gran perdedora del año.
*Artículo publicado el 24 de mayo de 2010 en el periódico Política de Xalapa, Ver.