LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar
Desde muy corta edad, una joven se introduce una papa en la vagina para evitar violación alguna, después de que su madre le recuerde por años que fue producto de una violació. En una presentación familiar de casamiento venidero, la parte femenina usa un cuchillo para quitarle toda la piel a una papa, como señal de ventura matrimonial.

Parte nodal de la alimentación y la cultura peruana, La teta asustada (Perú, 2008, de Claudia Llosa) pone énfasis en esta planta herbácea y otros aspectos de la cultura popular, lo cual se notaba de manera incipiente en Madeinusa (2006), la ópera prima de la cineasta. Al igual que ésta, la sobrina de Mario Vargas Llosa partió de la fantasía para sostener historias revestidas de elementos pintorescos que arraigan en la realidad pueblerina o citadina. En Madeinusa, Jesucristo moría en la cruz en las festividades de Semana Santa, y el pueblo, al no ser visto momentáneamente por el Supremo, podía dar rienda a sus deseos, sin necesidad de confesarse. En La teta asustada, una papa instalada en la vagina de una joven, representa la contención y defensa frente al horror sufrido por muchas indígenas durante años de oprobio militar.
Realidad y fantasía se fusionan en la breve obra de Claudia Llosa galardonada en Sundance (la primera cinta) y Berlín (la segunda cinta). Y es esta combinación la que rinde frutos en un esfuerzo creativo por plantear situaciones difíciles en entornos sociales y humanos reconocibles. En La teta asustada, Fausta (Magaly Solier) ve morir a su anciana madre, debiendo trabajar en la casa de una pianista para juntar dinero y enterrar a su progenitora en la tierra que la vio nacer. Desde la primera escena observamos en primer plano un hecho dramático que al ser investido de calidez musical, rompe con un principio de realidad. En vez de conversar, madre e hija cantan en lengua quechua, exponiéndose el dolor de una madre violada que debió padecer el asesinato de su esposo. Como resultado del agravio, Fausta crece con un miedo que resume todos los miedos de indígenas vapuleadas por el terrorismo de estado. Como consecuencia de la papa vaginal, Fausta sufre de sangrados nasales y desmayos, debiendo cortar de vez en cuando las raíces nacidas de esta solanácea, cuyo soporte vaginal niega el placer sexual al anteponer la defensa de otros atropellos que la memoria colectiva se niega a olvidar. Como referente de creencias ancestrales, está también la idea de la teta asustada después de la violación, lo que da como consecuencia una enfermedad transmitida por la leche materna.
Son varias las escenas donde el color local se hace presente en un logrado intento plástico por observar una sociedad empobrecida, afectada por la modernidad pero apegada a sus costumbres: El encuentro de Fausta con féretros de diversos colores y leyendas, el casamiento de una joven, la fiesta de presentación de una novia y los quince años de una adolescente que aspira a tener la cola más larga que las usadas por las reinas. Estas imágenes nos brindan algunos de los momentos más jocosos y reveladores de comportamientos familiares y sociales abrevando en caldos pintorescos y un tanto caóticos.
En medio de una realidad social, se van presentando varios personajes que el igual que Fausta, nunca tienen una explicación definitiva al conservar un dejo de misterio con peculiaridades que los distancia o identifica: El jardinero maduro encuentra su razón de vida en una actividad que entraña vida y restauración; la ricacha pianista decadente expone sus resabios clasistas en una de las escenas más elocuentes; el tío de Fausta trata de paliar los malestares de ésta sin llevarle la contraria, hasta que en un momento de embriaguez, la espeta que deberá de superar marasmo traumático para empezar a vivir.
Mucho más acabada y redonda que Madeinusa, La teta asustada nos va definiendo a una cineasta que procura introducirse en realidades profundas, complejas o dolorosas, a partir de una ficción que reclama a cada momento la fantasía y el barroquismo.
*Artículo publicado el 25 de enero de 2010 en el periódico Política de Xalapa, Ver.