LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar.
A Paula Astorga
Cotidianamente y a veces de manera funesta, padecemos la notable impericia de los gobiernos de la alternancia, cuyos yerros incalculables están llevando al país a un callejón sin salida, o más bien, a un destino que ilusoriamente la democracia electoral nos hizo pensar que quedaría desterrado: La corrupción, impunidad, pobreza y desigualdad en el reparto de la riqueza del viejo régimen autoritario. Nada más alejado de la realidad si consideramos que los dinosaurios priistas apresuraron el paso y están a punto de llegar a Los Pinos, acompañados felizmente de los poderes fácticos.
Los enclenques políticos blanquiazules, seguramente desplegarán la alfombra roja a quienes mantuvieron la dictadura perfecta por más de setenta años. Si bien es cierto que esta columna no es de análisis político ni lo pretende, me da la impresión que el desmoronamiento de este país y su descomposición económica y social se refleja también en el ámbito cultural, no sólo en el institucional, sino en el que tiene que ver con la iniciativa privada.
Hace tan sólo unas semanas, nos enteramos que desaparecía el Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México sin que sus organizadores dieran la cara, no obstante la gravedad del asunto. Después de cinco felices emisiones construidas a pulso y talento con un eficaz equipo de trabajo, Paula Astorga como directora general y Miguel Ángel Dávila como director general de Cinemex, le brindaron a la ciudad de México y al país el mejor festival de cine contemporáneo, cuya personalidad propia lo diferenciaba de los de Guadalajara y Morelia que lograron consolidarse desde hace ya varios años. Aunque se dice que el FICCO parió con ribetes ambiciosos, en buena hora una dupla conformada por Michel Lipkes y Andrés Maximiliano Cruz recorrió la geografía planetaria para ver, analizar y decantar una línea programática que le dio consistencia a las diferentes actividades del festival: Selección Oficial (ficción y documental), Galas, País Invitado, Retrospectiva, Cine y Derechos Humanos, Tributo, Primer Plano, Corte al Director, México Digital, Europa, Europa, y sobre todo, Tendencias. Exceptuando la sexta edición del año pasado no coordinada por Astorga, el FICCO proyectaba más de 200 materiales fílmicos entre largos, medios y cortometrajes. Comenzó con 80 pero no se conformó y abrió su abanico numérico. En diferentes espacios de la cadena exhibidora Cinemex, el público capitalino podía disfrutar lo mismo a Carl T. Dreyer, Maurice Pialat, John Cassavetes, Pier Paolo Pasolini, Clarie Denis, Frederick Wiseman o Harmoni Korine. También del cine iraní, holandés, filipino y de Corea del Sur por considerar tan sólo algunos ejemplos.
Funciones al aire libre, actividades académicas de análisis, homenajes a personalidades cinematográficas, exposiciones y un sinfín de actividades más complementaban el FICCO, que de manera oronda Paula llevaba sobre sus espaldas. Cosa que jamás podría decirse de la señora Raquel Cajiga, la directora del sexto festival, la cual dio un certero golpe de estado, dobló su sueldo y el de su grupo, sirvió la mesa de la sexta edición con una programación prácticamente condimentada por el anterior equipo, y fue incapaz de lidiar con los nuevos dueños de Cinemex y conseguir los patrocinios que exigía un evento de tal magnitud. Mientras Astorga aumentaba el público en varias decenas de miles espectadores cada año, la señora Cajiga nunca se dio cuenta de la dimensión que había cobrado el festival en el entorno nacional e internacional. Su incultura, irresponsabilidad y tal vez afán de notoriedad, la llevaron a desorganizar y finiquitar compromisos ya adquiridos con gente de cine, distribuidores, instituciones, embajadas y tantos elementos que son parte nodal de una estructura tan vasta y cara como lo era el FICCO. Su mediocridad no deparó que al despedirse Paula Astorga, el 80% del festival se costeaba con patrocinio y lo demás lo asumía la compañía exhibidora.
No hay disculpa para la señora Cajiga, quien quedará como la villana de una película que dejará de verse en los años venideros. Sólo me resta agradecer a Paula Astorga y su equipo de trabajo la tenacidad para irradiar el espectro de la exhibición de la ciudad de México. En pocos años Paula logró producir oro molido y confío en que muy pronto su inquietud emprendedora la lleve a organizar otro festival que podría iniciar de forma modesta. No importa, los alcances de esta mujer son enormes y su energía seguirá poniendo en la pantalla grande los fotogramas cinematográficos que requiera el disfrute del público mexicano. En el episodio 391 de CinemaNET, aparece una entrevista a Paula Astorga sobre los pormenores del FICCO.
*Artículo publicado el martes 9-03-10 en el periódico Política de Xalapa, Ver.