LA 51 MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE. II
LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar.
Nueva York te amo (New York, I Love You, Francia, Estados Unidos, 2009, de Fatih Akin, Yvan Attal, Allen Hughes, Shunji Iwai, Jiang Wen, Shekhar Kapur, Joshua Marston, Mira Nair, Natalie Portman, Brett Ratner y Randall Balsmeyer).
Para la elaboración de Nueva York, te amo, el productor Emannuel Benbihy retomó el esquema de Paris, te amo, como parte del proyecto fílmico “Ciudades de amor”. Ambas reúnen una serie de cortos con historias de varios cineastas y con personajes que intentan recoger el espíritu de las dos ciudades. En la primera fueron demasiadas anécdotas con resultado desigual, pero la Ciudad Luz aparecía por doquier. En la segunda son menos historias, los cambios entre una y otra no se recienten al conservarse una atmósfera citadina, pero Nueva York apenas se divisa. El universo escogido fue el de artistas dedicados a la pintura, el video, la escritura, el canto, la composición o la actuación. Rescato en este momento el muy simpático de Joshua Marston dedicado a una pareja matrimonial de ancianos que al caminar por la ciudad apelan a la sempiterna discusión cotidiana, así como el de Shekhar Kapur con una Julie Christie hermosamente avejentada, regresando a Nueva York donde los fantasmas pasados aún la asedian.
- Parque vía (México-España, 2008, de Enrique Rivero).

Un hombre mayor ha pasado treinta años de su vida sirviendo a una señora rica y los últimos de ellos los ha consagrado a la vigilancia de una casa de la ciudad de México que no logra venderse. Con pocos personajes, manejo de tiempo real en algunas situaciones, escasos diálogos y planos estáticos, el director apuesta al mutismo y la descripción morosa para sugerir un país sometido por la crisis y la disparidad clasista. Lo más interesante es la mirada a una soledad que se aferra a una jaula de oro y donde la idea de libertad aparece como secundaria para un hombre con una visión elemental de la vida y la sobrevivencia. El guión es apreciable.
- Los límites del control (The Limits of Control, Estados Unidos-España-Japón, 2009, de Jim Jarmusch).
Solitario (Isaach De Bankolé) asume una misión ilegal en la que sorteará más de un peligro mortal debiendo entrevistarse e intercambiar información con varias personas. El ritual operativo podría ubicarse dentro del cine negro aunque éste sería la punta del iceberg, el pretexto de Jarmusch para lograr una ‘variación’ fílmica donde la imaginación extravagante se aparta de la explicación racional. La espléndida banda musical y la sugerente fotografía acompañan el vínculo de Solitario con figuras que nos remiten a perfiles profesionales o estereotipos nacionales. El de Gael García (Mexicano) resulta un tanto sangrón cuando habla del peyote, los huicholes, o refrenda la línea de José Alfredo Jiménez que dice “la vida no vale nada”. Afortunadamente está una Tilda Swinton extravagante abordando el mundo del cine. No es lo mejor de Jarmusch pero se disfruta su experimentación formal y los personajes estrambóticos que se desenvuelven al tenor del consumo de dos tazas de café exprés.
La caja de pandora (Pandora’nin kutusu, Turquía-Francia-Alemania-Bélgica, 2008, de Yesim Ustaoglu).
La desaparición de una anciana alerta a sus tres hijos citadinos, quienes acuden a su casa en el bosque, la rescatan, la llevan al hospital y se enteran que padece Alzheimer. Al manejo contrastante entre campo y ciudad (ésta última reflejando el drama vivido por los personajes), se agrega el elemento argumental de la enfermedad como resonancia de los desajustes e insatisfacciones de tres hijos y un nieto. Frente a la dificultad de enmendar entuertos, nieto y anciana se reúnen en la casa campestre para obsequiarnos una hermosa escena final donde la vida se despide en medio de un paraje deslumbrante. Película que registra con elocuencia descarnada la ruptura generacional y la incapacidad para aceptar o reconciliarse consigo mismo o con los otros. No necesariamente la esperanza aflora en la mitad o al final del camino.
- Strella, más que una mujer (Strella, Grecia, 2009, de Panos Koutras).
A mitad de proyección, este filme parece transformarse en melodrama chapucero. Sin embargo, los diferentes elementos expuestos son aprovechados por el director, quien lanza al público la idea perturbadora de la reconciliación familiar y amorosa por la vía de la diversidad sexual. En la anécdota, un hombre sale de la cárcel después de una condena de 15 años por homicidio; al hospedarse en un hotel mientras vende la casa familiar provinciana, se liga pasionalmente con un transexual. El nubarrón de la desgracia aparece cuando se revela un dato que levanta ámpula en los amantes. Con un buen soporte actoral, Strella, más que una mujer cobija con simpatía a varios personajes que en la marginalidad encuentran un cause vivencial provechoso.
- Hadewijch / Entre la fe y la pasión (Hadewijch, Francia, 2009, de Bruno Dumont).
Una joven que procura la entrega total a Cristo, abandona un convento cuando la madre superiora plantea que su ascetismo extremo distorsiona el espíritu religioso. Su vínculo inmediato con árabes radicales la lleva, en cambio, a decisiones tremebundas. La mejor película de Bruno Dumont nos describe fehacientemente la personalidad de una devota que al no soportar el silencio de Dios, canaliza sus perturbaciones a acciones letales. Pocas veces el cine nos había aproximado con tal vehemencia a la línea delgada que separa al espíritu religioso del fanatismo criminal. Registro cuasi terapéutico que incursiona en las entrañas de una chica atormentada que no puede escuchar ni entregarse a Dios. Bruno Dumont se declara agnóstico pero esta cinta, profundamente religiosa, no hace más que recordarnos a Dreyer, y sobre todo a Bresson por el tratamiento formal. Imposible dejar de probar uno de los platillos suculentos de esta Muestra.
*Este artículo se publicó en noviembre de 2009 en el periódico Política de Xalapa, Ver.

















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