LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar.
Siempre será bien recibido un filme de Terry Gilliam. De sus colaboraciones con el grupo Monty Phyton recordamos obras de humor desternillante e irreverente como Monty Phyton y el Santo Grial (1975) o La vida de Brian (1979). Entre sus mejores películas como director podríamos citar Bandidos en el tiempo (1981), La aventuras del barón Munchhausen (1988), 12 monos (1995) y la insuperable Brasil (1985).
Su nueva cinta presentada en el festival de Morelia de 2009 y estrenada el pasado fin de semana en la ciudad de México es El imaginario mundo del doctor Parnasus (The Imaginarium of Doctor Parnassus, Estados Unidos-Francia-Gran Bretaña, 2009), la cual nos devuelve al cineasta de la imaginería visual despampanante que extrañábamos desde hacía algún tiempo. Tideland (2005), me parece, fue una descripción interesante del desgarre alucinógeno pero se quedaba en un buen intento.

En El imaginario mundo del doctor Parnasus nos encontramos con un teatro ambulante en la Inglaterra actual, emparentado en su andamiaje y repertorio a la época victoriana. Desde este primer elemento, Gilliam maneja los extremos que al contactarse provocan situaciones absurdas. El mundo real es trastocado por el ingrediente de una magia visualmente seductora.
Si bien la tarea del inmortal Parnasus (Christopher Plummer) ha sido preservar la tradición de contar historias, éstas resultan irrelevantes para el mismísimo Diablo que increpa al doctor y reaparece para reclamar un pacto añejo con la apropiación de la adolescente Valentina (Lily Cole), hija de Parnasus.
Al teatro no llega un público generoso y entusiasta. Éste es circunstancial, de interés escaso y supeditado a la curiosidad momentánea. Lo interesante del espectáculo está en el ingreso a un espejo donde los espectadores se ponen en contacto con una dimensión fascinante.

Aquí es donde aparece el timador profesional Tony (Heath Ledger), disfrazado de benefactor de niños, quien se ha enriquecido además con el tráfico de sus órganos. A punto de morir ahorcado, este defraudador es reproducido detrás del espejo por Tony 1 (Johnny Depp), Tony 2 (Jude Law) y Tony 3 (Colin Farrel). La diversidad actoral para un mismo personaje, se debió en buena medida al fallecimiento durante el rodaje de Heath Ledger, actor a quien se dedica el filme.
Lo mejor de este nuevo proyecto de Gilliam es la incursión de los personajes en un mundo fantástico, que lo mismo genera la dicha inmensa que la peor pesadilla, identificada ésta última con el acoso continuo. De ahí la soberbia fragmentación y suspensión de las cosas y objetos, que visualmente ponen en aprietos y sufrimientos a los personajes, quienes ante la imposibilidad de asirse a la cotidianidad acostumbrada, deambulan por los aires y corren desesperadamente al ser intimidados por sus fantasmas. Algunas de las escenas sobre la digresión mental, resultan sorprendentes. Como si estuviéramos atrapados por la magia, no nos queda más que someternos al maremágnum del cineasta, quien sigue sosteniendo sus imágenes con un derroche impresionante.
De ahí que cuando la historia de la cinta aterriza en el mundo real de los personajes, la narración se estanca y queda en una especie de limbo de interés secundario. Si bien la anécdota nos remite a un Parnasus de alcoholismo empedernido, cuya presencia en el mundo contemporáneo resulta anacrónica pero imprescindible en su cometido bienhechor, no siempre se sostiene en su lucha por salvar a su hija y redimirse él mismo.

Algunos de los guiones de Gilliam tienen esta deficiencia, es decir, no siempre sostienen a los personajes en su complejidad psicológica y emocional, quedando ubicados en el arrebato visual de sus fantasías urgentes. Y en este último apartado Gilliam no se controla ni frena porque no le interesa la corrección y la prudencia. Y qué bueno que no lo haga porque esas imágenes nos introducen a fantasmagorías inusuales que sólo nuestra mente alborotada festeja, cual infancia construyendo la mayor aventura.
*Artículo publicado el 12 de abril de 2010 en el periódico Política de Xalapa, Ver.
Las peledculas de Pixar me gustan me1s que las de Dreamworks. Ahed, oicnoidimcs.Pero comparar a una y a otra con Calderf3n, Gf3ngora y Lope de Vega y Quevedo. Aunque sea una comparacif3n a modo de ejemplo, ahed me parece que podeda haber buscado otro sedmil.
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Comentario del día marzo 22, 2012 a las 9:12