LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar
A Alvar González Christien.
Un hombre viaja por diferentes partes de Estados Unidos para despedir personalmente a los empleados de varias empresas, ofreciendo paliativos que jamás igualarán los ingresos suspendidos.
Este hombre que cumple ejemplarmente su papel de mediador matizando el agravio laboral e infundiendo resignación en los despedidos, está convencido de que su trabajo es de primera y que lo ejecuta con sensatez y decoro.

Los cambios de ruta citadina orillan a este hombre a viajar cotidianamente en avión, por lo que una de sus metas que lo llevarán a la satisfacción suprema, será acumular el recorrido de diez millones de millas por aire, obteniendo así la tarjeta de grafito de American Airlines, y con ello, los tratos preferenciales en hoteles, renta de autos y demás prebendas.
Con pocos largometrajes en su haber, Jason Reitman se impone en el Hollywood actual por la agudeza en el contenido y el tratamiento de sus historias. Primero fue Gracias por fumar (2005), después Juno (2007) y ahora Amor sin escalas (Up in the Air, Estados Unidos, 2010), comedia donde aborda con desplante y humor corrosivo la soledad en la sociedad contemporánea, la dureza e insensibilidad del capitalismo laboral, y la crisis de la pareja amorosa en su instancia libre o institucional. Por algo ganó el Globo de Oro al mejor guión.
Maduro, atractivo, simpático y pagado de sí mismo porque sabe que es el número uno en su chamba, Ryan Bingham (entrañable George Clooney) se la pasa viajando en aviones y pernoctando en hoteles porque su trabajo lo exige. Es tan estimulante su vida personal y laboral, que contabiliza los grises y aburridos días estacionados en su casa. Sus prácticas profesionales están perfectamente delimitadas, pero también las que se refieren a las aspiraciones de vida que media humanidad apuntala con mayor o menor fortuna. En su caso, lo que menos importa es pensar en una relación sentimental que conduzca al matrimonio o los compromisos establecidos en el tiempo y el espacio íntimo. Está tan seguro de su rol laboral y de su independencia, que no tiene tiempo para pensar en amarres definitivos porque según su ironía fina, está probado que no funcionan ni son la alternativa a la felicidad humana. De ahí que sus relaciones con las mujeres sean inmediatas y de fugacidad alegre, sensual y divertida. Así lo entiende y lo acuerda con Alex (Vera Farmiga), otra viajante conspicua con la que se reúne cuando sus agendas apretadas permiten coincidir en temporada y lugar.
No obstante el esquema inmutable establecido por Ryan, serán las mujeres en la familia, el trabajo y la intimidad, las que comiencen a resquebrajar una férrea línea de pensamiento y acción. Decidirá asistir a la boda de una de sus dos hermanas, será solidario con la emprendedora compañera laboral Natalie (Anna Kendrick), y tratará de vincularse afectivamente y no tan sólo sexualmente con Alex. En su observancia masculina donde la parte femenina puede ser complementaria pero nunca la media naranja compartida, Ryan se tambalea cuando arriba el afecto amoroso. El descalabro propinado por Alex, sin embargo, lo sacude momentáneamente para reinstalarlo en el lugar donde siempre ha estado y que no debiera modificar, ya no digamos nulificar.
Con un reparto de primera, cada presencia secundaria cubre una cuota dramática específica que enriquece la historia y su evolución: el pánico matrimonial del cuñado, la separación de la hermana mayor con su esposo, la suspensión de la luna de miel como medida de ahorro por parte de la hermana menor, etc. Los personajes se instalan en la comodidad y el desaliento, en vivencias agridulces que descubren dificultades en la aproximación, el vínculo y la continuidad amorosa porque la inseguridad, la soledad, el desgaste y el esfuerzo estéril dan al traste con la planeación de largo plazo. Los actores de esta cinta dejaron de lado los ensayos porque así lo estableció el director con tal de lograr espontaneidad y frescura en cada personaje. No obstante que la cinta está basada en la novela de Walter Kirn, Jason escribió con Sheldon Turner un guión donde dichos personajes tuvieran su correspondencia con los actores pensados ex profeso para esta filmación.
Ryan aparenta ser un personaje de una sola pieza pero sugiere algo más dentro del orden que ha modelado para su satisfacción cotidiana. Entre las complicaciones de la pareja y las bondades del trabajo bien retribuido, Ryan escoge la segunda ruta como punto incuestionable de sostén que navega dichoso, cual enorme pájaro metálico que observa a gran altura la inmensidad del mundo, así como la pequeñez de una humanidad nulificada visualmente. Él está seguro en algo: sus vuelos permanentes le ganarán millas y con ello, ser único y excepcional. En ese empeño individual denodado, el director observa con mordacidad un modelo de comportamiento social que ha convertido a Estados Unidos en un país de logros por los esquemas de fomento y explotación capitalista, que lo han colocado en un primerísimo lugar de desarrollo económico y hegemonía imperial.
Si bien la historia se apoya en escenas de humor logrado, esta no se conforma con el comentario ligero. Jason la dota de colmillos hirientes que desencajan los tejidos humanos, vueltos alegoría desternillante de problemáticas mayores: la debacle económica actual de Estados Unidos y el despido masivo de trabajadores como práctica urgente en la reconstrucción de un modelo capitalista que deberá seguir su mecánica de ganancia pronta, por encima de consideraciones nobles. En este punto, el director reunió a empleados que perdieron su trabajo para que representaran una experiencia vivida en carne propia. De ahí la oportuna construcción del personaje de Natalie, maestra en psicología que introduce una modalidad en el trabajo de Ryan, que consiste en que los empleados serán avisados de su despido mediante la comunicación en pantalla de Internet y no en vivo, ahorrando así los gastos en viajes como los acostumbrados por Ryan.
En buena medida, las exitosas conferencias motivacionales dictadas por Ryan a cientos de empleados, se emparentan con la lógica del capital desprendido de lastres que impiden la ganancia urgente: no es importante cargar cosas en los viajes sino jalonar una sola meta no intercambiable. Detrás de la fachada de comedia ligera sobre el individualismo y la independencia, encontramos una mirada rabiosa a un mundo material deshumanizado que justifica, moldea e impone conductas no sólo de trabajo, sino de modelos de vida que niegan a cada momento la felicidad, sea ésta momentánea o duradera.
*Artículo publicado el 1° de febrero de 2010 en el periódico Política de Xalapa, Ver.