AMANTES
LA LINTERNA MÁGICA*
Por: Roberto Ortiz Escobar.
En Amantes (Two Lovers, 2008), un joven intenta suicidarse en el mar pero es rescatado y regresa al espacio familiar donde los padres lo alentarán a casarse con una chica, favoreciendo un acuerdo de dos familias.
En su breve pero alentadora obra, James Gray hurga en comportamientos familiares que alejan, desgarran y desintegran los lazos entre hermanos y padres. Lo hace en el ámbito del drama contenido (Amantes) o en vertientes temáticas observando de manera crítica aspectos de deterioro y corrupción citadina: el vínculo afectivo de un adolescente con su hermano asesino en el contexto de la mafia ruso americana (Pequeña Odesa, 1994), las desventuras de un ex presidiario en medio de las corruptelas del transporte colectivo (La traición, 2000), el descubrimiento de la degradación familiar de aparente conducta intachable en los cuerpos policíacos (Los dueños de la noche, 2007).
Los diferentes grupos familiares que se debaten entre la unión, la enfermedad, la tensión y la ruptura, los ubica Gray en Nueva York, reconociendo que en sus historias existen elementos autobiográficos. Él parte de un entorno físico que conoce y transforma en atmósferas lánguidas y opresivas donde deambulan personajes titubeantes o desbordados, encarnados por espléndidos actores (Tim Roth y Edward Furlong en Pequeña Odesa; Joaquin Phoenix en La traición, Los dueños de la noche y Amantes). En plan secundario destacan viejas glorias como Vanessa Redgrave, Faye Dunaway, Isabella Rossellini James Caan o Robert Duvall.
Desde el inicio de la acción, Amantes nos enfrenta a un hombre queriendo ahogar su existencia engulléndose en el agua, de donde es rescatado por una persona a quien ni siquiera le da las gracias porque huye despavorido cual bicho raro de escuálida consistencia. Si bien a lo largo de la historia encontramos un clima de tensión a punto de estallar, el arranque del filme nos ubica inmediatamente el espíritu alicaído y cobarde del personaje, negado para enfrentar los vuelcos de la vida porque su repliegue aprueba la futilidad. Ciertamente Leonard Kraditor (Joaquín Phoenix antológico en su última actuación) es un desadaptado que se niega a vivir la corrección de la vida, pero no renuncia a ella porque siempre habrá alguien brindándole apoyo o condicionándolo: están sus padres a quienes complace en la elección de una chica casadera; está la misteriosa vecina Michelle (Gwyneth Paltrow) de la que se prende pasionalmente queriendo cuajar el escape a su entorno sin apostar por la rebelión catártica; está la joven Sandra Cohen (Vinessa Shaw), quien se enamora de él y aplaude el casamiento, anhelando cubrir con su manto materno al corderito indefenso.
Recluido en el seno familiar donde se le prepara el remedio matrimonial, Leonard se enrola repentinamente con dos mujeres donde aventura o estabilidad le darán escaso margen de maniobra, y ni aún así explota para liberar su fuego interno. Él que tomaba fotografías en blanco y negro, más como hobby que como potencial expresión creativa; él que suponía que la pasión debía corresponderle sin ubicar los sentimientos reales de la otra; él que se resistía a casarse pero apechugaba con un suegro que le espeta las bondades del futuro material; él que ya tenía un anillo matrimonial para la apasionada de un casado, siendo colocado finalmente en la mano de otra, cual vergonzoso guiñapo al servicio de los demás.
Con una fotografía que apuesta a los tonos mortecinos y un claroscuro en exteriores citadinos nocturnos, James Gray ha configurado en su filmografía una serie de personajes dolientes que se debaten constantemente entre el deber ser y el sacudimiento de una moralidad que no recupera la dignidad en un medio social pervertido o lastrado familiarmente.
Si bien Luchino Visconti realizó en 1957 una admirable adaptación en interiores de Noches blancas en 1957, James Gray elige ahora los exteriores neoyorkinos para remitirse a Dostoievski (Brighton Beach, Brooklyn, Central Park, Lincoln Center), brindándoles un aura lóbrega y situando en la derrota a un personaje complejo, que arrastra los fantasmas del pasado sin atreverse a dar un giro a su empecinado abatimiento. Si acaso, los devaneos hirientes emprenden una vuelta de tuerca camino a la perdición.
*Artículo publicado en diciembre de 2009 en el periódico Política de Xalapa, Ver.

















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